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Cedro advierte sobre los riesgos en la relación entre alcohol, drogas y sexo

En la totalidad de casos de violencia sexual se evidencian reacciones emocionales posteriores graves, como el miedo constante, depresión, pánico, cólera, etc.
DROGA-VENTA
08-02-2019

La inseguridad y la violencia aumentan cada día en Lima, y en los últimos años una nueva modalidad viene incrementándose según los reportes periodísticos, que es el uso y abuso de diferentes sustancias están asociados con la violencia, robos, maltrato y la sumisión química o agresión sexual.

Para Milton Rojas, especialista de Cedro, los delincuentes administran a escondidas de una sustancia a una persona sin su consentimiento con el fin de generar un cambio en el grado de vigilancia, consciencia y de su capacidad de juicio. El especialista, indica que de esta manera aprovechan el nivel de vulnerabilidad, provocado deliberadamente, los agresores buscan en la víctima violentarla. En este nivel la víctima puede estar dormida, o en casos despierta, aunque bajo control del agresor.

Hay evidencia que sustancias como el alcohol, la cocaína, la ketamina, la MDMA o “éxtasis”, el GHB (gamma -hidroxi-butirato), las benzodiazepinas, el popper, la metanfetamina, entre otras, son empleadas no solo con fines recreacionales o ludicos sino también con fines delictivos.

Rojas, comenta que en el caso de la sumisión con fines de violencia sexual la sustancia es administrada sin el consentimiento de la víctima o bien presionándola para que consuma más de lo que tenía previsto, o buscando dejar a ésta en estado semiconsciente y, por tanto, incapaces de poner resistencia a un ataque sexual.

Está documentado policialmente que muchas de estas conductas violentas se han ejercido preferentemente bajo los efectos del alcohol y algunos medicamentos, como las benzopiazepinas o tranquilizantes. Hay que destacar que las sustancias que se usan con fines delictivos reúnen ciertas características que las hacen compatibles con los intereses del agresor. Así, además de su accesibilidad y costos que no son altos, los delincuentes administran la droga a dosis bajas, para permitir que pasen inadvertidas; son sustancias de acción rápida (para facilitar el control sobre la víctima) y suelen ser de corta duración (para evitar sospechas) y, finalmente, su administración debe ser discreta, generalmente por vía oral, y añadida a bebidas alcohólicas ya que permite disfrazar el sabor y el color, al tiempo que potencian los efectos; por otro lado, deben ser de difícil identificación, es decir sin sabor, olor o color que noten su presencia; mayoritariamente producen desinhibición, que constituye una ventaja para el agresor en el curso de la agresión sexual, ya que la víctima en condiciones normales no las aceptaría.

La comisión de un delito sobre una víctima cuyas capacidades se encuentran neutralizadas por el consumo voluntario o involuntario de alcohol y otras drogas, que incluyen a ciertos medicamentos, se ha convertido en un problema de salud pública que la población debe conocer. En cualquier caso, la sospecha de sumisión y de ataque sexual debe dar lugar a la denuncia policial.

Considerando la presencia de numerosas drogas sintéticas -la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito ha advertido que deben existir en el mundo más de 400 drogas sintéticas y un grupo de Nuevas Sustancias Psicoactivas--, las mismas que también son utilizadas con fines delictivos. En ese sentido hay necesidad de trabajar en la prevención e información de potenciales víctimas como son las adolescentes menores de 20 años quienes son particularmente vulnerables a esta forma de agresión sexual, por lo que es necesario crear programas de prevención específicos dirigidos a este colectivo especial, del mismo modo trabajar en la capacitación y actualización del personal sanitario, ya que una adecuada y temprana toma de muestras son factores claves a la hora de confirmar el diagnóstico.

No hay que olvidar que en la totalidad de casos de violencia sexual se evidencian reacciones emocionales posteriores graves, como el miedo constante, depresión, ansiedad generalizada, pánico, cólera, etc. que llevan a las agraviadas a presentar cambios significativos en sus estilos de vida.

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