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OPINIÓN | Ántero Flores-Aráoz: "Ruidos molestos"

"Hay personas que con imaginación buscan recursos y, es así como principalmente en parques y grandes avenidas, son recorridas por grupos artísticos...".
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07-11-2020

No es ninguna novedad que los ruidos molestos afectan a la salud de los ciudadanos (stress, angustia, etc.) y, es por ello que se han ido expidiendo una serie de regulaciones gubernamentales y municipales para limitarlos y evitar en lo posible que perturben a los vecindarios.

Es así que tenemos normas que impiden la utilización de las “bocinas” de los vehículos automotores, salvo para la prevención de accidentes, o las que limitan la intensidad de los sonidos que se emiten en la vía pública, como son el uso de altavoces para invitar a los compradores de bienes y servicios al ingreso a establecimientos comerciales, o de quienes colocan los altoparlantes en vehículos para anunciar diversidad de productos para consumo del público.

Como consecuencia de las migraciones que hemos recibido en los últimos años, provenientes principalmente de Venezuela, sin que el Perú tenga posibilidad de otorgar oportunidades laborales para todos, muchos se han dedicado al comercio ambulatorio, provistos algunas veces de los famosos altoparlantes a los que nos referimos.

La situación de informalidad laboral que padecemos, agravada con la severa crisis económica ocasionada por el Covid-19, que a su vez genera la pérdida de empleos, obliga a mucha gente a ganarse el sustento en la calle, principalmente en el comercio ambulatorio.

Como las personas menos afectadas por la pandemia no pueden adquirir todos los bienes y servicios de venta callejera, hay personas que con imaginación buscan recursos y, es así como principalmente en parques y grandes avenidas, son recorridas por grupos artísticos, que con cantos acompañados por instrumentos musicales, tratan de deleitar a los transeúntes y vecindario con su arte y, a recibir de los oyentes alguna colaboración económica que los ayude a sobrellevar la dura crisis que a todos agobia.

Evidentemente, quienes a través de la música tratan de solventar sus gastos, lo que están haciendo es ejercer su derecho al trabajo que la Constitución consagra. Sin embargo, el derecho enunciado tiene que ser acorde y ponderado con el derecho de los demás ciudadanos a la paz, la tranquilidad y al goce de ambiente equilibrado y adecuado, como también reconoce nuestra Constitución.

Ambos derechos son absolutamente compatibles y, para ello, las autoridades municipales cuentan con facultades y atribuciones de regulación y control, e incluso hasta sanción, cuando hay incumplimiento, como sería exceder los límites de emisión sonora (Ley Orgánica de Municipalidades, Ley General del ambiente y diversas otras normas).

Una de las tareas que podrían emprender los municipios para compatibilizar el derecho al trabajo de los músicos ambulantes y los vecindarios que claman por paz y tranquilidad, sería hacer los fines de semana retretas en parques públicos, sin contaminación sonora, haciendo concursos entre los grupos musicales y otorgándoles premios pecuniarios que ayuden a su sobrevivencia, pero bonificándose a los artistas que residan en el distrito organizador de los eventos, respecto a los músicos residentes fuera de la localidad respectiva.

Además, el público gratificado con las retretas, puede también colaborar modestamente con los músicos de su simpatía. Se ayuda a resolver un problema social y se respeta la tranquilidad de los vecinos.