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OPINIÓN | Carlos Jaico: "Neofascismo andino"

"... cánticos de muerte y enarbolando la Cruz de Borgoña, como símbolo de un pasado que poco tiene que ver con la realidad actual ni de España ni del Perú".
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01-07-2021

Desde la elección de Donald Trump del 2016 en los Estados Unidos de Norte América, Sebastián Piñera el 2017 en Chile, el 2018 Iván Duque en Colombia, Mario Abdo en Paraguay y Jair Bolsonaro en Brasil, se ha confirmado la tendencia ideológica de la derecha -con expresiones de extrema derecha y fascismo-, en la vida política del continente americano.

Históricamente, con la caída del Muro de Berlín en 1989 y el colapso de la Unión Soviética, estas expresiones ideológicas habían perdido su razón de ser: el anticomunismo. Algunos melancólicos persistían, claro está, en la búsqueda de temas para recuperar vigencia, como el populismo y el nacionalismo con su vertiente xenofóbica. Sin embargo, estas elecciones presidenciales han venido a revivir esta peligrosa vertiente, basada en una mentira de campaña electoral.

El uso y abuso de los ataques de campaña han generado a una polarización, que ha exacerbado los ánimos electorales. Hoy, la reflexión del pueblo peruano persiste en clichés de campaña, expresando el miedo a ese “algo” que vendría de “no se sabe dónde”. Consecuencia de esta confusión, han salido los grupos de extrema derecha con cánticos de muerte y enarbolando la Cruz de Borgoña, como símbolo de un pasado que poco tiene que ver con la realidad actual ni de España ni del Perú.

Estos grupos de ultraderecha tienden a acaparar símbolos pervirtiendo su significado. Cabe precisar que la Cruz de Borgoña ha identificado las banderas de los ejércitos españoles, desde el siglo XVIII. Se suman también invocaciones a Dios inmiscuyéndolo en la política, accionar que ha sido rechazado por el arzobispo de Lima.

Así, imitan burdamente símbolos extranjeros ante la incapacidad de crear los propios, y darles alguna justificación histórica o ideológica. Sin saber quiénes fueron Luis M. Sánchez Cerro u Óscar R. Benavides, estos grupos tienen como fundamento al sempiterno racismo, el cual surge para cubrirlo todo. Es en ese contexto que se anida el neofascismo andino. En esta nueva casta limeña y costeña, también participan mestizos (con poder económico) de contados distritos capitalinos, pero nunca andinos. Allí también tienen un espacio los (ex)militares nostálgicos de la “Acta de sujeción” de la década de los 90.

Con estas señales, estaríamos reviviendo los fascismos existentes en el Perú, como lo señalaba José Ignacio López Soria, en El pensamiento fascista (1981).

Así, asistimos a un fascismo de tipo aristocrático y mesocrático -no popular- del siglo XXI, los cuales buscan a través de la exclusión social -con elementos autoritarios y excesivo neoliberalismo-, dar respuesta a nuestra compleja realidad.

Razón de más, para que el Perú persista en el cierre de las brechas sociales y desigualdad. Y para ellos, mucho más en educación.

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