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OPINIÓN | Juan Quiceno: Una lección política para el futuro de la democracia tras la pandemia

"Por muy bueno que sea un líder social y que conozca la teoría práctica del gobierno, le tomará tiempo conocer los procesos prácticos".
25-04-2020

La coronavirus nos está dejando muchísimas enseñanzas. Aquí una más: si queremos seguir viviendo en la democracia debemos mejorar mucho en nuestra capacidad para elegir a nuestros gobernantes.

Los peruanos debemos tenerlo muy presente, pues el próximo año es electoral. La crisis ha desnudado la capacidad y la mediocridad de los líderes políticos. Algunos países han sido afortunados y, otros, para dolor de muchos, no tanto.

La enseñanza señala a lo mismo: A la hora de escoger, basta de dejarnos guiar por ideologías, por afinidad racial o por un tentempié. ¿Qué criterios seguir a la hora de escoger un político? Hay que recordar que el liderazgo político es análogo a otros ámbitos de la vida.

Exige una comprensión del sistema que no es de dominio común. No todos los líderes sociales, familiares o empresariales son buenos líderes políticos. Aquí algunos criterios fundamentales a raíz de la experiencia de la crisis y la filosofía práctica.

El primer criterio es seguir la conciencia moral. Se debe votar por quien creo que realmente podría hacerle un gran bien a la sociedad, independientemente si ese bien será inmediato o no para mí.

El voto es un asunto de conciencia, por ello, no hay que dejarse manipular. Esto es un error común del ciudadano de a pie que cae rendido a los halagos de los políticos. En segundo lugar, la humildad del candidato.

Su capacidad, no para sintonizar con el pueblo con actos externos, sino para preocuparse por ellos sin ponerse por encima a sí mismo y a su bancada política.

Un político sin capacidad de autocrítica, siempre a la defensiva o que solo sabe denunciar lo malo del sistema, no es un buen político e incluso, podría no ser una buena persona.

En tercer lugar, su educación. Necesitamos personas con mente amplia para tomar decisiones con sentido común. Debe ser difícil gobernar cuando se tiene que favorecer a los amigos o a los correligionarios.

Debe volver la meritocracia. Es importante que nuestros políticos no solo se expresen bien, sino que manifiesten conocimiento de lo que hacen. Los críticos, los medios de comunicación y las universidades son claves para contrastar la formación de nuestros políticos.

En cuarto lugar, debe tener experiencia de liderazgo político. El sistema democrático tiene muchas aristas y cuando elegimos un político su tiempo en el cargo se consume rápidamente.

Por muy bueno que sea un líder social y que conozca la teoría práctica del gobierno, le tomará tiempo conocer los procesos prácticos que implica su ejercicio ejecutivo. Si no estamos dispuestos a dar ese tiempo, no es bueno escoger personas que no se hayan desempeñado en ámbito político.

Por último, debe haber una verdadera autoridad moral. Un líder se involucra con la gente. El respeto es fruto del trabajo real con y para los otros. La autoridad moral se contrapone a la visión gerencial de la autoridad.

Ser un líder moral no es resolver problemas o mandar a otros, es guiarlos por el camino, trabajando con y para ellos. Es el primero en hacer sacrificios.

Hay muchos más elementos, pero a partir de la crisis sanitaria y pensando en los líderes que les ha tocado guiar nuestros países, tenemos una excelente lección para nuestra vida política inmediata.

*Profesor del Departamento de Humanidades de la Universidad Católica San Pablo. Magíster en Filosofía por la Universidad Católica

San Antonio de Murcia, España.