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OPINIÓN | Julio Schiappa: "Chile y Bolivia: Así es la nuez"

"Tiempos nuevos soplan en América Latina, pero hay quienes, en el Perú, desatan la histeria por los volteretazos democráticos en Chile y Bolivia".
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28-10-2020

Tiempos nuevos soplan en América Latina, pero hay quienes, en el Perú, desatan la histeria por los volteretazos democráticos en Chile y Bolivia.

En el caso de Chile, columnistas, opinologos, pesimiólogos, todos predicen el apocalipsis sin atenuantes. Los más alocados, en la izquierda, dicen que esta es la reivindicación de Salvador Allende. Y, los más descocados en la derecha montonera, afirman que es un psicosocial montado en Venezuela el que ha terminado dando una paliza a los herederos de Pinochet y de los Chicago Boys.

Ambas teorías son falsas porque sustituyen las fantasías conspirativas o los arquetipos idealistas. Chile 1973 fue un error de los extremistas del socialismo de César Altamirano y los guevaristas del MIR, que causaron una derrota terrible de la democracia chilena, Allende fue uno de los mártires de la barbarie. Pinochet fue la mente criminal y sin escrúpulos para barrer con un proceso que ya había fracasado en lo económico y político. Ahora, no hay revolución en el horizonte, sino un doloroso y largo proceso para reunir a un país partido en dos el 11 de setiembre de 1973. No vuelve Allende, ni Pinochet, ese es el mandato del pueblo llamado a votar el domingo pasado.

En Bolivia, centro de un experimento social muy exitoso de color mestizo. Adonde a la izquierda se le puede confiar la billetera, ha ganado un exitoso economista que aplicó fórmulas novedosas de fortalecimiento del estado sin asfixiar el mercado. Los histéricos de la zurda dicen, que es un voto a favor de Cuba y Venezuela, y otros, en la diestra, que es el desplome de la democracia ante el comunismo. Ni uno ni otro, el presidente Arce Catacora tendrá que caminar por una vía democrática sin reelecciones más allá de la Constitución. No hay revolución a la vista y el golpismo ha quedado en el ridículo electoral.

Ambas experiencias nos demuestran que la ola democrática de estos días marca netas diferencias con el pasado. En Chile ello apareció muy claro en las grandes movilizaciones sociales de hace un año, era un pueblo cansado del maltrato de un reducido grupo de grandes poderes económicos. Ahora la gente se la cobró a la oligarquía del Mapocho. Y en Bolivia, cada día es más claro que se trató una operación golpista de EE.UU., usando a la OEA para sacar a Evo y quedarse con el litio de ese país. Así es la nuez.