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OPINIÓN | Manuel Altamirano: El chavismo se desvanece

Este panorama ha sido propicio para reducir los índices de pobreza extrema.
dfae
15-11-2019

Esta semana inició con la noticia de la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia luego de una serie de desmanes, incendios, varios muertos y cientos de heridos, producto de las protestas iniciadas el día 20 de octubre debido a que el escrutinio de los votos fue detenido de manera intempestiva y que posteriormente se proclamó como vencedor al presidente en funciones.

Evo Morales, que luego de 13 años en el poder, obtendría un nuevo periodo de gobierno, pero el hecho no se concretó puesto que renunció públicamente el último domingo. Luego de veinte días de disturbios, con un devastador informe de la OEA, con la policía amotinada y las fuerzas armadas sugiriéndole que dé un paso al costado, a Morales no le quedó otra alternativa que renunciar, y junto a él, también dimitió el primer vicepresidente Álvaro García Linera, el gabinete en pleno, la presidenta de la Cámara de Senadores y el presidente de la Cámara de Diputados, dejando sumida a Bolivia en una crisis de gobernabilidad.

Dos líderes de la oposición han sido claves para este desenlace, Luis Fernando Camacho y Carlos Mesa, quienes han reiterado su posición de mantener la violencia y desestabilización en el país hasta que no se consolide un "gobierno transitorio", lo que me parece muy peligroso ya que las reacciones podrían generar mayor caos y desorden.

La OEA ha sido clara; hubo una manipulación de los resultados finales, es decir fraude electoral, lo que provocó la caída de Evo Morales, y a pesar de las evidencias, los caviares e izquierdistas denuncian golpe de Estado, tratando de tapar el sol con un dedo, cuando es claro que hubo fraude electoral y por ende el pueblo indignado se movilizó a las calles.

Recordemos que Bolivia crece de manera sostenida año a año desde el 2004, a un ritmo por encima del 3%. De 2004 a 2014 la tasa anual promedio de crecimiento fue de 4.9% y el pico más alto fue en 2013 cuando alcanzó el 6.8%, y para este año se estima que Bolivia crecerá 4% del PBI. Estos resultados han permitido la aplicación de políticas asistencialistas y el desarrollo de infraestructura, sobre todo por el alto precio de los minerales y las exportaciones de gas.

Asimismo, este panorama ha sido propicio para reducir los índices de pobreza extrema, de 38.2% en 2005 a 15.2% en 2018; la pobreza también cayó de 60.6% en 2005 a 34.6% en 2018, la esperanza de vida de los bolivianos pasó de 56 años en 1990 a 62 en solo 10 años, en 2010 la expectativa era de 68 años y en 2017 alcanzó los casi 71 años.

Sin lugar a dudas se obtuvo grandes logros, pero el otro lado de la moneda nos dice que la deuda pública aumentó, de 38% a 53% del PBI entre 2014 y 2019, mientras que los depósitos del sector público en el Banco Central se redujeron de 24% al 13% y las reservas internacionales de Bolivia disminuyeron de USD 15,100 millones (46% del PIB) en 2014 a cerca de USD 8,000 millones (20% del PBI) a mediados de 2019.

Un panorama desalentador para el próximo gobierno que de seguro recortará subsidios, aplicará medidas impopulares que generará ingobernabilidad, donde muchos evocarán nuevamente a Evo y la primavera que hoy desvanece el ventarrón chavista habrá desaparecido, a no ser que Bolivia llegue a un acuerdo nacional por la gobernabilidad.

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