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OPINIÓN | Nicolás Lúcar: el presidente que no sabía nada

Alan García Pérez tiene una nueva estrategia: “yo solo era el presidente, y no sabía nada". Con este cuento se libra de muchas responsabilidades.
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15-04-2019

La coartada del Alan García Pérez ha sido esta: “yo solo era el presidente, y no sabía nada”.

Con ese cuento se libró de asumir responsabilidad alguna sobre el negociado de las gracias presidenciales. Terminó en la cárcel el último eslabón de la cadena de un beneficio que se convirtió en tremendo negocio y que según García afirmó, había otorgado el mismo tras revisar expediente por expediente, uno por uno, en largas noches de insomnio. Si por eso cobraban, por supuesto, él no sabía nada.

Lo mismo dijo sobre el Metro, su proyecto personal más importante y donde se ha acreditado el pago de millonarias comisiones ilegales. Tampoco sabía nada. Por esas coimas, otra vez, los responsables en su conveniente versión son todos menos él. Enrique Cornejo, el ministro de Transportes de ese entonces y Jorge Cuba, viceministro, terminaron convertidos en ratas que traicionaron la confianza de un presidente ocupado en gobernar para el bien de los peruanos.

Y lo mismo vale para la Interoceánica, o el proyecto Olmos, o las hidroeléctricas de Chaglla y Cerro del Águila que el Estado peruano poco menos que le regaló a Odebrecht y a Kallpa.

Y el Gasoducto del Sur y las concesiones de carreteras, hospitales y colegios públicos.

Mientras la corrupción se comía al país, García pretende que le creamos que él no sabía nada, que él estaba al margen, que al él lo engañaron, que traicionaron su confianza. Aunque la justicia aún no logra atraparlo, nadie le cree. Para el peruano promedio el jefe de la banda era él y, por supuesto, el gran beneficiario.

Pero García ha sido capaz hasta ahora de quedar impune.

Cuando tras el escándalo Tralima su responsabilidad quedó acreditada, lo salvó el derrumbe del régimen fujimorista y una conveniente prescripción aprobada por un sistema de justicia donde su capacidad de manipulación era grotesca.

Pero su suerte ha cambiado.

Se acabaron los tiempos en que sus seguidores aceptaban estoicamente el cargo de ratas y estaban dispuestos a pagar con la cárcel sus pecados y los ajenos. Jorge Cuba fue el primero en hablar y no es el único.

La evidencia de que recibió dinero de Odebrecht a través de Luis Alva Castro, para su campaña electoral.

Su cuidado por los detalles para no dejar huellas falló, y apareció además el cobro de dinero de origen ilegal por una conferencia que se suponía era gratis.

Pero ahora se le cayó el techo.

Su más cercano colaborador Luis Nava aparece como beneficiario del cobro de más de 4 millones de dólares pagados por Odebrecht por comisiones ilegales.

¿Cómo va a explicar ahora Alan García que su secretario cobraba coimas y él no lo sabía, un secretario que además no tenía ningún poder de decisión sobre nada?

¿Se convertirá también en rata?

La cuenta regresiva para Alan García ha empezado.