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OPINIÓN|Pedro Paredes:Hotel Centenario

La historia del dictador Alberto Fujimori como huésped ilustre de la clínica Centenario podría entrar a su epílogo
14-01-2019

La historia del dictador Alberto Fujimori como huésped ilustre de la clínica Centenario podría entrar a su epílogo, según lo que determine hoy la junta médica que irá a evaluarlo.

Fujimori está mal de salud al igual que miles de ancianos en el mundo, que padecen achaques propios de la edad y su tratamiento podría llevarse de manera ambulatoria dentro de cualquier prisión del país mientras cumple la condena de 25 años por la matanza de Barrios Altos y La Cantuta.

Pero la estadía del socio de Vladimiro Montesinos dentro de la clínica de Pueblo Libre, no es como atenderse en un puesto de salud de la lejana y recóndita localidad del Putumayo, donde la gente ya hizo anticuerpos al mismo paracetamol que recetan como pastilla milagrosa para simular la curación de todos los males.

Los más de cien días en la Centenario se podrían asemejar a una estancia en hotel cinco estrellas, con todas las comodidades, lujos y privilegios que solo alguien con la billetera gorda puede darse, para simular estar siendo tratado de todos sus males que, ya que la hipertensión arterial no controlada, fibrilación auricular paroxística con respuesta ventricular variable, y cardiopatía coronaria crónica anticoagulado que padece, pueden controlarse con pastillas y monitoreo ambulatorio, opinó más de un especialista, a excepción de su médico personal y excongresista Alejandro Aguinaga.

A eso hay que sumar el video donde se ve al renunciante por fax quitarse violentamente un cable, para luego con gran vitalidad levantarse de su cama y sin ayuda alguna caminar dentro de su suite hospitalaria, anta la serenidad del personal de salud que lo asistía desde un sofá, por quizá tratarse de la actividad rutinaria del padre de Keiko.

Fujimori no está al borde de la muerte, reveló un informe médico de Medicina Legal publicado en noviembre pasado, la historia de su agonía la inventaron aquellos que hicieron clandestinamente un informe trucho para que el míster Kuczynski tenga cómo justificar su indulto humanitario, como arreglo bajo la mesa para evitar su vacancia. Pues como gran negociante de alto calibre, al norteamericano presidente le valió nada la sangre inocente derramada de los vecinos de Barrios Altos y estudiantes de La Cantuta por orden del dictador, que aún no pagó siquiera 10 céntimos de los 25 millones que debe de reparación civil, pero -según trascendió- ya llevaría pagando 100 mil por concepto de alojamiento en la clínica en marras.

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