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Nicolás de Dios Ayllón y su largo camino hacia la santidad

Sastre indígena quien con su fortuna dio hogar a los desposeídos en Lima virreinal.
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11-11-2022

Hace 345 falleció en Lima, un indígena chiclayano que vivió en la época virreinal y que con mucho empeño logró convertirse en un afamado sastre que amasó una considerable fortuna, la misma que la empleó en dar cobijo a los desposeídos de aquellos tiempos. Su nombre: Nicolás Ayllón, o como desde su muerte se le conoce Nicolás de Dios Ayllón.

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Ayllón nace en la reducción de naturales de Chiclayo en 1632. Desde muy pequeño demostró una notable inteligencia y extremada devoción, lo cual lo llevó a desempeñarse como acólito en la iglesia franciscana de Chiclayo, detalla la web historiaperuana.pe.

A los ocho años el clérigo Juan de Ayllón lo toma bajo su protección, viajando con él a Saña y posteriormente a Lima. Aquejado su protector de una penosa enfermedad, Nicolás lo cuida fielmente hasta su muerte, adopta su apellido y se dedica al aprendiza- je de un oficio: la sastrería, ascendiendo al grado de oficial y luego al de maestro.

Para esa época ya socorría a los pobres e iba a visitar a los enfermos del hospital de Santa Ana. Contrae matrimonio y, con su esposa, funda un recogimiento para doncellas pobres. Interviene continuamente como mediador para evitar los abusos contra indios y esclavos.

Fallece en Lima en 1677 en olor de santidad y a su entierro asistieron algunas de las más altas autoridades limeñas. Se inicia casi de inmediato un proceso acerca de su virtuosa vida para conseguir su beatificación, al mismo tiempo que el jesuita Bernardo Sartolo escribe su Vida admirable y muerte prodigiosa de Nicolás Ayllón, y con renombre más glorioso, Nicolás de Dios, cuya publicación, en 1684, que coincide con las declaraciones de la beata Ángela Carranza ante el tribunal del Santo Oficio, involucrando a Ayllón en sus “visiones”, y el libro condenado por los inquisidores.

Hace unos años se reactivó el proceso de beatificación, pero se mantiene en espera de la decisión de El Vaticano, refiere el sacerdote Ernesto Rojas Ingunza, postulador de la causa. Hasta hoy las hermanas clarisas capuchinas siguen orando por la beatificación de Nicolás Ayllón.

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