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OPINIÓN | Jorge Solís Espinoza: Crecimiento y desarrollo económico

“El Estado debe ser promotor del desarrollo económico, para cerrar brechas y abismos sociales que subyacen secularmente y que son causa de la pobreza”.
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25-02-2022

Para entender el problema estructural del Perú, resulta ilustrativo destacar la brillante tesis desarrollada en el libro “los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza” Por qué fracasan los países; de los estudiosos Daron Acemoglu y James Robinson, quienes sostienen a manera de colofón “...Para nuestra teoría, es crucial la relación entre prosperidad e instituciones políticas y económicas inclusivas que hacen respetar los derechos de propiedad, crean igualdad de oportunidades y fomentan la inversión en habilidades y nuevas tecnologías.

Estas conducen más al crecimiento económico que las instituciones económicas extractivas, estructuradas para extraer recursos de la mayoría para un grupo reducido y que no protegen los derechos de propiedad ni proporcionan incentivos para la actividad económica...De hecho, algunos países viven bajo instituciones inclusivas hoy en día porque, aunque las instituciones extractivas hayan sido lo normal en la historia, han sido capaces de romper el molde y hacer la transición a instituciones inclusivas”.

En efecto, hay necesidad de romper el molde, el Estado debe ser promotor del desarrollo económico, para cerrar brechas y abismos sociales que subyacen secularmente y que son causa de la pobreza, per se, un obstáculo en el camino hacia la prosperidad: sin embargo, la visión de los gobiernos, solo apuntan al pulso de la macroeconomía, nuevamente al espejismo de las cifras en azul, lo que es bueno; pero la reconstrucción de la economía también tiene que impulsarse desde la base.

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La pandemia ha servido para desnudar la realidad. Los temas de la nueva agenda para un proyecto histórico nacional, deben ser salud, educación, seguridad social, inclusión financiera productiva, (no es lo mismo bancarización), impulso al agro, formalización promoviendo los incentivos económicos y sociales necesarios; pero nada de esto funciona si no se construye institucionalidad.

La ex ministra de Economía, María Antonieta Alva, miopemente señalaba que en el periodo 2022-2024 serán las grandes inversiones en infraestructura y en minería las que impulsen el crecimiento en dicho periodo; a la sazón se habla de crecimiento, pero no de desarrollo económico, he ahí la cuestión, qué pasará con esos 3 millones 300 mil nuevos pobres según proyecciones de UNICEF y con los extremadamente pobres que pasarán del 2,8% a más del 6% de la población. Los programas reactivadores implementados son coyunturales, donde queda el mediano y largo plazo. El BICENTANARIO, que deja poco para celebrar, debe servir de atalaya para consensuar el futuro.

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