Cultural

Ese heroico sacrificio que dejó María Parado de Bellido

Fue torturada y fusilada hace 200 años porque no delató a patriotas.
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11-05-2022

Una de las ma?rtires que mayor huella dejo? en la lucha independentista de la corona espan?ola fue Mari?a Parado Jayo, ma?s conocida como Mari?a Parado de Bellido que prefirio? ser torturada y luego fusilada antes que delatar a sus compan?eros patriotas.

Mari?a Andrea Parado Jayo nacio? en el actual distrito de Paras, provincia de Cangallo, el 5 de julio de 1777. A los quince an?os se caso? con el negociante Mariano Bellido, con quien tuvo siete hijos. A partir de su matrimonio se le conocio? como Mari?a Parado de Bellido.

En plena lucha independentista, y con el fin de procurar el bienestar de su esposo y sus hijos Toma?s y Mariano que se enrolaron a las filas patriotas, Mari?a inicio? sus acciones como espi?a desde Huamanga, enviando misivas que informaban el movimiento de las tropas realistas.

Su esposo Mariano Bellido, de oficio negociante, en 1820 trabajaba en la seccio?n de correos del distrito de Paras en la provincia de Cangallo, donde la familia teni?a su residencia, aunque radicaban temporalmente en Huamanga. Tanto su esposo como sus hijos varones colaboraron desde 1820 con las fuerzas patriotas.

El 29 de marzo de 1822, los realistas interceptaron una misiva que Mari?a habi?a enviado a su esposo. Aunque estaba firmada por “Andrea”, pronto se descubrio? su identidad.

Carratala? se encargo? de la represio?n en las actuales provincias de Parinacochas, Lucanas y Huamanga, labor que realizo? de una manera despiadada. Pueblos enteros fueron incendiados y arrasados, y sus pobladores masacrados. Uno de esos pueblos fue Cangallo.

Fue precisamente por orden del general espan?ol Carratala?, que se le apreso? el 30 de marzo en Huamanga y, tras ser sometida a intensos interrogatorios y torturas para que delatara a los patriotas, ella mantuvo silencio.

Fue conducida a la pampa o plazuela del Arco donde le esperaba el peloto?n de fusilamiento. Resignada a sufrir el u?ltimo suplicio, se arrodillo? y espero? la muerte con la mirada dirigida al cielo.