Nuevos lineamientos del Minedu para mejorar disciplina escolar no eliminarían el bullying, advierte experto
La reciente difusión de los nuevos lineamientos del Ministerio de Educación orientados a restaurar la disciplina, sancionar conductas graves y aplicar medidas estrictas en los colegios ha generado un intenso debate en la opinión pública.
Si bien sectores gubernamentales defienden la necesidad de restablecer el principio de autoridad, diversos especialistas advierten sobre las limitaciones de estas disposiciones. En un análisis sobre el impacto de estas reglas, el especialista en neuroeducación Hernán Ocampo cuestionó que se confíe en un esquema de control meramente punitivo y superficial.
Medidas cortas frente al bullying
EN diálogo con Exitosa, Ocampo adviertió que centrar el esfuerzo normativo en restricciones estéticas o en castigos de vigilancia estricta no frena de raíz el problema de la violencia escolar, el cual continúa produciéndose incluso fuera de las aulas.
"Al final lo que se está tratando de hacer es generar una estructura externa que trate de garantizar una disciplina al interior de la escuela [...] dentro de las 6 o 7 horas de la etapa escolar. ¿Qué termina sucediendo? ¿Qué pasa después cuando el estudiante sale y aparece donde ya no lo están vigilando?".
El especialista recalcó que, al terminar la jornada, el hostigamiento suele trasladarse con facilidad a los espacios digitales, donde los agresores continúan ejerciendo el ciberacoso sin que las reglas del plantel tengan alcance efectivo.
El riesgo de la nota conductual y la falta de apoyo en el hogar
Otro de los puntos analizados es el retorno de la calificación de conducta en la libreta. Según la neuroeducación, aplicar notas desaprobatorias sin un proceso formativo o rúbricas de autorregulación emocional corre el riesgo de simplemente "etiquetar" al estudiante en lugar de ayudarlo a internalizar valores como la empatía y el respeto mutuo.
Asimismo, Ocampo alertó sobre el riesgo de que estas medidas sirvan para que los padres de familia eludan su rol primordial. Al recargar toda la presión correctiva sobre los directores y docentes, se desatiende el hecho de que el hogar es el primer espacio formativo, dejando en evidencia la carencia de gabinetes psicológicos y soporte multidisciplinario en la gran mayoría de instituciones educativas del país.
Así, las advertencias desde la neuroeducación ponen de manifiesto que las normas rígidas y los castigos aislados resultarían insuficientes para erradicar la violencia escolar. Para lograr un cambio sostenible, el experto sugiere que las políticas públicas deben evolucionar hacia un enfoque verdaderamente sistémico que articule a la escuela, dote de herramientas emocionales a los maestros y comprometa activamente a las familias.