¡Gran hallazgo! Estudio en Castillo de Huarmey revela el rol sagrado del perro sin pelo en la cultura Wari
Una investigación peruano-polaca en la necrópolis de élite del Castillo de Huarmey ha arrojado nuevas luces sobre el estatus del perro sin pelo en la cultura Wari. Los restos hallados demuestran que este animal desempeñó roles sociales y económicos fundamentales entre los años 600 y 1050 d. C., desafiando la idea de que eran solo animales domésticos de compañía.
El estudio que revela la vida de los perros sin pelo en la cultura Wari
Bajo el título "Las múltiples vidas de las especies compañeras: una investigación zooarqueológica e isotópica sobre restos de perros Wari del Castillo de Huarmey, Perú", una investigación internacional publicada en la prestigiosa Revista de Arqueología Antropológica ha cambiado lo que sabíamos sobre los perros en el antiguo Perú.
El estudio, liderado por un equipo peruano-polaco, analizó restos encontrados en el Castillo de Huarmey para reconstruir la historia de vida de estos animales a través de sus huesos y su alimentación.
Los investigadores descubrieron que los perros (especialmente los famosos viringos o perros sin pelo) no tenían un solo rol, mientras algunos eran expertos cazadores o pastores, otros eran compañeros cercanos de la nobleza o incluso carroñeros que rondaban la zona. El hecho de que muchos fueran enterrados junto a humanos confirma que tenían un valor espiritual e ideológico muy alto para los Wari.
De acuerdo con los autores, entre ellos Weronika Tomczy, Milosz Giersz, Wieslaw Wieckowski, Roberto Pimentel Nita y Claire E. Ebert, este análisis revela una relación de profunda dependencia y afecto. Las "biografías" grabadas en los restos de estos canes demuestran que eran parte esencial de la economía y la cultura Wari, consolidando al perro sin pelo como una pieza clave de nuestro patrimonio cultural desde hace más de mil años.
Las tres pruebas del perro "viringo" en el Castillo de Huarmey
La presencia de esta raza milenaria en la élite Wari se confirma mediante tres evidencias clave. La primera es artística, una singular vasija que representa a un perro sin pelo sentado y sosteniendo lo que parece ser un instrumento musical. La segunda es indirecta, marcas de mordidas en huesos de camélidos que demuestran la convivencia de estos canes en el complejo.
La prueba más contundente son los restos óseos hallados entre 2010 y 2025. Los arqueólogos descubrieron que los perros no solo deambulaban por el lugar, sino que eran parte de los rituales funerarios de la nobleza.
Se hallaron cachorros enterrados junto a personajes importantes, como el "Maestro Cestero" y un guardián del mausoleo principal, lo que subraya su rol como acompañantes en el más allá.
Finalmente, el estudio destaca dos hallazgos excepcionales, perros momificados naturalmente. Uno de ellos, un macho adulto que vivió entre los años 688 y 870 d.C., presenta la falta de dientes característica de esta raza genética y piel desnuda. Estos ejemplares, algunos incluso decorados con cinabrio rojo, confirman que el perro sin pelo peruano era ya un símbolo de estatus y espiritualidad hace más de 1,200 años.