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OPINIÓN | Eduardo González Viaña: Almudena en Trujillo

Gracias a Almudena, entiendo que la historia no es un cuento en el que al final triunfan los buenos.

09/03/2022 / Exitosa Noticias / Columnistas / Actualizado al 09/01/2023

Una de las ciudades que más quiero en el planeta, Trujillo del Perú, ha acordado adoptar como hija ilustre a la escritora española, recientemente fallecida, Almudena Grandes. A ella también le dedica su número más reciente, la más importante revista académica en Estados Unidos, la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, que dirige en Boston José Antonio Mazzotti.

Y eso me hace recordar que mi generación en América hispana, aprendió historia cantando las baladas de una guerra que ya era difunta y que había ocurrido antes de que nosotros naciéramos, la Guerra Civil española cuya memoria Almudena abrió para el mundo.

Por eso, aparte de dar estas noticias, acabo de pasar por un café y, al azar, le pregunto a una dama si leído a Almudena Grandes. Su nombre es Meli Recuero, y al instante me responde:

-¿Leerla? ¡La he vivido! De no ser por ella, se habría perpetuado la propaganda fascista que calificaba a los españoles derrotados como “terroristas”. Humillar al vencido es siempre una táctica perversa.

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Los abuelos de Meli militaron en los campos opuestos y realmente caminaron sobre cadáveres, pero no relataron esas historias a los nietos, unos por dolor, otros por miedo. Se entiende por qué los “Episodios de una guerra interminable” son indispensables para entender tanto la guerra como a la propia España, que no es solo un país sino una forma heroica de ser en el mundo.

La guerra civil española y la caída de Salvador Allende me enseñan que no siempre ganan los buenos y, peor todavía, la historia oficial deliberadamente olvida las masacres, los castigos, y la cobarde persecución de los héroes cuando ya la guerra ha terminado. “Los episodios” están colmados por la esperanza en que algún día seremos hombres mujeres de verdad y viviremos en un mundo de verdad justo.

Como contaba antes, conocí a la escritora y su esposo, el poeta Luis García Montero, cuando este, en el 2008, presentó mi novela “Vallejo en los infiernos”. Esa fue para mí una de las veces en que entendí a España. Gracias a Almudena, entiendo que la historia no es un cuento en el que al final triunfan los buenos. Es, más bien, una sucesión de derrotas que la evolución afronta en su camino desde la barbarie hasta la justicia y desde el antropoide erguido hasta el verdadero ser humano razonable, comunitario y feliz

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