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OPINIÓN | Edwin Sarmiento: Iluminando la esperanza

Manuel Dammert Ego Aguirre es un político honesto, decente y no es caviar.

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Manuel Dammert Ego Aguirre

31/05/2019 / Exitosa Noticias / Columnistas / Actualizado al 09/01/2023

En 1980 fue elegido diputado por el Partido Comunista Revolucionario, su partido. Desde entonces, no deja de recorrer los Pasos Perdidos del Congreso de la República. Cinco años después fue reelecto y en 1990 vuelto a elegir, siempre en las filas de la izquierda, hasta que Fujimori interrumpió su mandato, en 1992. Retornó al congreso el 2013, a la muerte de Javier Diez Canseco y en reemplazo de él. Después fue reelegido en las elecciones de 2016. Será su último período, porque ya no habrá reelección por mandato de la ley, aunque las masas agiten su nombre y pidan reelección. Así se desarrolla, en parte, la vida de Manuel Dammert Ego Aguirre. Limeño, nacido en el distrito de Miraflores, con 69 años a cuestas, Manuel es un político honesto, decente y no es caviar. Pero más que político es sociólogo y más que sociólogo es poeta que es cosa mayor.

Pertenece a la generación del 70, pero no pertenece a ningún movimiento poético en particular. Es más bien un soñador solitario. Desde muy joven supo combinar su vida política con su vocación creativa, aun cuando ganara en él la militancia y el activismo político. Se le conoce como un político serio. Investigador acucioso, implacable acusador de corruptos y enemigo declarado, desde chiquito, de la corrupción. Pruebas al canto: como diputado levantó el dedo acusador contra los corruptos de los años 80. Lo recordamos persiguiendo al entonces ministro de Justicia, Enrique Elías Laroza, a quien se le acusó de haber sobrevaluado los equipos adquiridos para las cárceles del Perú, en el famoso escándalo “caso Guvarte”. También se enfrentó a Remigio Morales Bermúdez, ministro de Alan García, al denunciar el escándalo de la importación de la carne malograda, y presidió una comisión investigadora del dólar MUC en el sonado escándalo del “caso Zanatti”.

Cuando lo entrevisté, hace muchos años, en su casa de Jesús María, Manuel se veía a sí mismo caminando siempre sobre una cuerda floja, sobre el mar. Está corriendo solo en la arena y es un niño. “En mi vida he tenido tensiones de equilibrio. He vivido momentos de explosiones, también de depresiones, de entusiasmos y a veces de exaltaciones”, dice. Recuerdo que sus ojos verdes se iluminaron y una leve sonrisa ha cubierto su rostro. El poeta ha cruzado las piernas y le cuenta al periodista que tiene tres libros de poesía, uno de ellos “Mención Honrosa” en el concurso “El poeta joven del Perú” allá por 1970. Su poemario “Travesías del insomne”, relata cinco historias de desamor, que no son personales, sino más bien historias urbanas y nacionales que tratan de entender la relación entre la memoria y el exilio. Viajero impenitente, recuerda que las cuatro quintas partes de su vida las pasó viajando por el Perú, cuyo territorio ha recorrido unas seis veces con la sola excepción de Jaén que no conocía esos años. Han pasado los años por él, pero no su entusiasmo de querer un país sin privilegios y con justicia social. Mis recuerdos de él son de su etapa política. Hombre leal a sus ideas, se mantuvo siempre cerca al líder de IU, Alfonso Barrantes Lingán, y no se alejó de él. Siempre que nos vemos nos abrazamos y reímos de la vida con franqueza y sin dobleces, como en Lucanas.