26/10/2026 / Exitosa Noticias / Actualidad / Actualizado al 26/10/2026
La inseguridad ciudadana continúa afectando al transporte público en Lima. La empresa Lipetza, cuyos buses son conocidos como El Triángulo, dejó de operar temporalmente luego de que uno de sus conductores fuera atacado a balazos la noche del último sábado. El trabajador resultó herido y fue trasladado de emergencia al hospital María Auxiliadora.
Lipetza suspende sus operaciones tras nuevos ataques armados
Este atentado se suma a otro ocurrido el pasado 2 de octubre, cuando uno de los choferes de la compañía perdió la vida tras recibir disparos en la avenida Primero de Mayo, en el cruce con la antigua Panamericana Sur. La sucesión de estos hechos ha generado temor entre los trabajadores, quienes decidieron no salir a las calles hasta nuevo aviso.
Durante un recorrido por el patio de maniobras de la empresa, ubicado en la zona de Oquendo, en el límite entre el Callao y San Martín de Porres, se constató que varias unidades permanecían estacionadas y con los motores apagados. Cerca de diez buses fueron observados sin prestar servicio, mientras los usuarios esperaban alguna alternativa para llegar a sus destinos.
Los vehículos de esta compañía cubren una extensa ruta que conecta San Martín de Porres con Villa El Salvador, por lo que su paralización perjudica a numerosos ciudadanos que dependen diariamente de este servicio para trasladarse entre Lima Norte y Lima Sur.
Pasajeros pagan hasta cinco soles por falta de transporte
La suspensión de los buses ha obligado a los usuarios a recurrir a mototaxis, cuyos conductores cobran tarifas considerablemente más altas. Según los testimonios recogidos en la zona, un trayecto hacia Cantacallao que antes costaba un sol en las unidades de El Triángulo ahora puede alcanzar los cinco soles.
Una de las personas entrevistadas lamentó la ausencia de los buses y expresó su preocupación por la falta de alternativas. Además, advirtió que las mototaxis están aprovechando la situación para incrementar sus tarifas.
Mientras que algunos optan por caminar hasta avenidas cercanas para encontrar otro vehículo. Esta situación afecta especialmente a quienes deben llegar temprano a sus centros laborales y a los estudiantes que esperan durante varios minutos por una unidad disponible.
El temor también alcanza a los pasajeros, quienes reconocen que podrían resultar heridos durante un ataque contra los conductores. Otro testigo pidió mayor seguridad para que los transportistas puedan trabajar sin poner en riesgo sus vidas ni las de quienes utilizan el servicio.
La paralización evidencia cómo la violencia contra el transporte público trasciende a las empresas y termina afectando directamente a miles de ciudadanos. Por ello, los pasajeros reclaman medidas concretas que permitan recuperar la seguridad y garantizar la continuidad del servicio, sin que trasladarse al trabajo o estudiar implique mayores gastos o el temor de quedar en medio de un ataque armado.

