18/08/2026 / Exitosa Noticias / Actualidad / Actualizado al 18/08/2026
Las intensas lluvias que sorprendieron al norte de Chile, con aluviones en Antofagasta y Tocopilla, han generado un impacto considerable en ciudades que no están diseñadas para enfrentar precipitaciones de esta magnitud.
En diálogo con Exitosa, l periodista chilena Leila González, de Radio Bio Bio, explicó que este tipo de fenómenos son comunes en el sur del país, donde sí existe infraestructura de drenaje y prevención, pero resultan inusuales en el norte, donde el clima árido ha marcado la forma en que se construyen las urbes.
Norte no se hallaba preparado
El evento meteorológico, aunque monitoreado por las autoridades, provocó cortes de rutas, caída de rocas y socavones en regiones como Tarapacá e Iquique. La falta de previsión convirtió un fenómeno puntual en una emergencia de gran escala, con miles de evacuados y daños materiales significativos.
"Se sabía que iba a pasar, pero es que es inusual en el norte de nuestro país. Son lluvias que nosotros tenemos en el sur de Chile. Entonces, obviamente, en el sur están mucho más preparados, en la zona norte no se esperan lluvias así".
Zonas costeras sin infraestructura para enfrentar lluvias
Este escenario guarda un paralelo evidente con lo ocurrido en Lima Sur durante la DANA Aníbal, cuando las lluvias constantes generaron aniegos en varios distritos costeros y en Lima Sur. El meteorólogo Víctor Yzocupe advirtió que las pistas y accesos fueron construidos sin drenajes, porque en la costa peruana no se contemplan precipitaciones intensas.
El resultado fue similar al chileno: acumulación de agua, colapso urbano y la constatación de que la infraestructura no está diseñada para enfrentar lluvias excepcionales.
La coincidencia entre ambos casos revela un patrón regional: las ciudades desérticas de Sudamérica fueron planificadas bajo la lógica de la sequía. En el desierto de Atacama y en la costa peruana, las urbes se levantaron sin sistemas de evacuación pluvial ni obras de contención, porque históricamente las lluvias eran improbables.
Sin embargo, fenómenos como las bajas segregadas en Chile o las DANAs en Perú están alterando esa realidad, mostrando que lo improbable se ha vuelto posible y que cada episodio expone vulnerabilidades estructurales.
Mientras en el sur de Chile las lluvias son recurrentes y la infraestructura está adaptada, en el norte chileno y en la costa peruana la fragilidad es compartida. Cada evento meteorológico se transforma en crisis, con consecuencias sociales, económicas y humanas de gran magnitud.
La lección es clara: el cambio climático y la variabilidad atmosférica obligan a repensar la planificación urbana en zonas áridas, porque lo que antes era excepcional ahora ocurre con frecuencia suficiente para exigir adaptación para que eventos esporádico no se conviertan en desastre.

