30/07/2026 / Exitosa Noticias / Deportes / Actualizado al 30/07/2026
El proyecto de Gianni Infantino para abrir la FIFA a inversores privados ha generado un terremoto político en el fútbol mundial. La iniciativa, denominada FIFA Forward Enterprise (FFE), busca agrupar los derechos de transmisión, patrocinios y licencias en una nueva sociedad comercial, de la cual entre un 20 % y 30 % sería vendido a fondos de inversión.
La propuesta promete ingresos millonarios para las 211 federaciones miembro, pero también despierta temores de que el fútbol pierda su esencia popular y se convierta en un producto controlado por accionistas externos.
Rechazo frontal de UEFA y Concacaf
Las primeras reacciones fueron contundentes. La UEFA, que agrupa a 55 federaciones europeas, anunció un boicot a las competiciones FIFA mientras el proyecto siga vigente. "El Mundial pertenece al fútbol, nunca estará en venta", fue el mensaje central de su comunicado, respaldado además por la Unión Europea como patrimonio cultural.
Por su parte, la Concacaf, integrada por 41 federaciones de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, también rechazó la iniciativa. Sus dirigentes cuestionaron la falta de transparencia y el proceso acelerado de aprobación, además de señalar que la FIFA debería utilizar sus reservas financieras para programas de desarrollo en lugar de depender de capital privado.
Ambas confederaciones coinciden en que el plan responde más a intereses comerciales y políticos que al desarrollo del deporte, especialmente por la participación de fondos ligados a allegados de Donald Trump, lo que reaviva la polémica tras su protagonismo en el Mundial 2026.

La postura de Conmebol: silencio y antecedentes
En este escenario, la gran incógnita es la postura de la Conmebol. Hasta el momento, la confederación sudamericana no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre el proyecto. Sin embargo, los antecedentes permiten anticipar una posición más cercana al respaldo que al rechazo.
Alejandro Domínguez, presidente de Conmebol, ha mantenido una relación estrecha con Infantino, apoyando reformas polémicas como la ampliación del Mundial 2026 a 48 selecciones y la idea de llegar a 64 equipos en 2030. Esa cercanía sugiere que Sudamérica podría inclinarse hacia el apoyo tácito o explícito, aunque con un discurso más moderado que el de la Confederación Africana de Fútbol, que ya expresó su respaldo público.

De confirmarse esta tendencia, el mapa político del fútbol quedaría dividido: Europa y Norteamérica en oposición, África y Sudamérica en apoyo, con Asia aún sin pronunciamiento firme. Este equilibrio marcaría el futuro de la gobernanza del deporte y la viabilidad del proyecto de Infantino.
Así, el silencio de la confederación sudamericana, sumado a su historial de respaldo a iniciativas del presidente de la FIFA, apunta a un posible apoyo que podría redefinir el balance de poder en el fútbol mundial. La controversia no solo gira en torno a cifras millonarias, sino a la esencia misma del deporte: si es que seguirá siendo un fenómeno de masas o se transformará en un espectáculo al estilo estadounidense.

