06/05/2026 / Exitosa Noticias / Mundo / Actualizado al 06/05/2026
La historia parece salida de un sketch humorístico, pero ocurrió de verdad. El papa León XIV, antes conocido como Robert Francis Prevost, se enfrentó a uno de los via crucis más comunes de la vida moderna: llamar al servicio de atención al cliente de un banco. El resultado fue inusitado: ni siquiera ser el líder de más de mil millones de católicos le sirvió para evitar que le colgaran el teléfono.
Amigo de León XIV narró el calvario
El episodio fue contado por el reverendo Tom McCarthy, amigo cercano del pontífice, durante una reunión en Naperville, Illinois. Según narró, León XIV llamó a su banco en Chicago (Estados Unidos) para actualizar su número de teléfono y dirección.
Había respondido correctamente todas y cada una de las preguntas de seguridad, pero, aún con ello, la empleada le dijo que no era suficiente y que debía acudir en persona a la sucursal.

No le creyeron
El papa, consciente de que no podía viajar a Chicago para un trámite tan simple, intentó convencer a la operadora. "Les di todas las preguntas de seguridad", habría dicho con creciente frustración, mientras su amigo relataba la escena entre risas. En un último intento, lanzó la frase con la que esperaba agilizar el proceso:
"¿Te importaría si te dijera que soy el Papa León?"
La respuesta fue un silencio seguido de un clic: la operadora colgó, sin más.
El contraste con la vida papal
El episodio recuerda que, pese al esplendor del Vaticano y la solemnidad de sus ceremonias, los papas también enfrentan lo mundano. Francisco, por ejemplo, insistió en pagar su propia cuenta de hotel en 2013, apenas elegido pontífice.
León XIV, nacido en un suburbio obrero de Chicago y con experiencia pastoral en Perú, se encontró con que ni con su investidura esquivaría la burocracia bancaria, aquella de la que ni Dios nos puede salvar.
Todo se resolvió
Pese a todo, el asunto se resolvió gracias a la intervención de otro sacerdote con contactos en la presidencia del banco, según McCarthy. La anécdota se viralizó en redes y dejó una pregunta flotando: ¿Qué se sentirá ser recordada como la operadora que le colgó el teléfono al papa?
Esta historia es un recordatorio de que ni los milagros alcanzan en la jungla de la atención al cliente. Entre preguntas de seguridad, protocolos rígidos y operadoras incrédulas, el pontífice vivió un episodio tan humano como hilarante.
Y aunque el Vaticano no se pronunció oficialmente, la historia ya forma parte del anecdotario que muestra al papa no solo como líder espiritual, sino también como protagonista involuntario de las pequeñas batallas cotidianas que todos enfrentamos.

