01/01/2026 / Exitosa Noticias / Actualidad / Actualizado al 01/01/2026
La madrugada del 1 de enero de 2026, Lima amaneció con más de 850 toneladas de residuos sólidos acumulados en las calles del Cercado, producto de las celebraciones de Año Nuevo. El operativo especial de la Municipalidad Metropolitana de Lima, a cargo de la Gerencia de Servicios a la Ciudad y Gestión Ambiental, movilizó a más de 300 operarios de limpieza, apoyados por cisternas, compactadoras y maquinaria pesada, para devolver la normalidad a seis zonas clave de la capital.
Focos de contaminación
Los sectores más afectados fueron Barrios Altos y Mirones Bajo, donde se recogieron cerca de 200 toneladas de desechos en cada área. En zonas como Santa Beatriz, Chacra Ríos y Cipreses, la cifra superó las 100 toneladas por sector, mientras que el Centro Histórico sumó más de 150 toneladas.
Además, se atendieron más de 40 focos de quema de basura, colchones y muñecos, generando humo que ingresó a viviendas y puso en riesgo la salud de los vecinos.
Una costumbre que se repite
Las cifras reflejan una mala costumbre ciudadana: convertir la celebración en un desorden que otros deben resolver. El uso indiscriminado de pirotécnicos, la quema de residuos y el abandono de basura en espacios públicos son prácticas que, año tras año, multiplican el trabajo de los equipos de limpieza.
La normativa vigente establece multas superiores a 440 soles por la quema de residuos, pero la reincidencia demuestra que las sanciones no han sido suficientes para cambiar el comportamiento.
El esfuerzo invisible
Detrás de cada operativo hay un grupo de trabajadores que, mientras la ciudad duerme tras la fiesta, enfrentan toneladas de desechos, humo y contaminación. Son ellos quienes devuelven el orden y la limpieza, muchas veces sin reconocimiento ni consideración.
La campaña municipal de reciclaje logra recolectar entre 10 y 15 toneladas diarias de cartón, pero el esfuerzo se ve opacado por el descontrol de las celebraciones.

El inicio del año debería ser símbolo de renovación, pero en Lima se convierte en un recordatorio de la falta de responsabilidad ciudadana que se repite y duplica año tras año.
La acumulación de basura no solo contamina y afecta la salud, también resulta injusta para quienes trabajan en la limpieza pública. Pensar en ellos —en los cientos de operarios que devuelven la normalidad a la ciudad— es también un acto de reflexión: celebrar no debería significar dejar atrás un desorden que otros, invisibles, deben cargar.

