11/02/2026 / Exitosa Noticias / Política / Actualizado al 11/02/2026
durante una operación militar en Cayumba Chico, en el Alto Huallaga.
Un nuevo capítulo se abre en uno de los casos más crudos del conflicto interno. La Tercera Sala Penal Superior Nacional Liquidadora Transitoria condenó a 20 años de prisión al coronel EP en retiro Roberto Villar Chamorro por el homicidio de ocho personas en la localidad de Cayumba Chico, distrito de Mariano Dámaso Beraún, en Huánuco, el 29 de marzo de 1994.
El fallo generó una fuerte reacción política. El presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, salió en defensa del exoficial. "No hay ninguna evidencia que (pruebe que el coronel EP en retiro Roberto) Villar (Chamorro) haya cometido ningún crimen. Ningún testigo ha podido identificarlo", afirmó.
Operación militar bajo la lupa
Según la sentencia, Villar, entonces capitán del Ejército y miembro de fuerzas especiales, dirigió una incursión militar en Cayumba Chico entre el 28 y 31 de marzo de 1994, en plena lucha contra Sendero Luminoso y el narcotráfico en el Alto Huallaga.
Rospigliosi sostuvo que "se trata de un caso ocurrido en 1994, en el Alto Huallaga, cuando Villar era capitán y, como parte de las Fuerzas Especiales del Ejército, peleaba contra terroristas y narcotraficantes".

Sin embargo, el tribunal concluyó que ocho civiles fueron detenidos y ejecutados, entre ellos:
- Paulino Abad Mazgo (80)
- Esteban Villoaga Espinoza (64)
- Natividad Corne Nazario (63)
- Rita Huaytán de Corne (55)
- Lorenzo Zúñiga Abad (42)
- Magna Villar Flores (32)
- Isabel Beragán Huaytán (14)
- Juliana Zúñiga Villar (6)
Entre ellos había una familia completa.
Durante el juicio, Villar reconoció que participó en la operación "Paraíso", pero negó haber cometido homicidios. Incluso aclaró: "Al inicio de este proceso, yo fui identificado como 'Carlos Rafael Arenas Martínez', con el pseudónimo de 'Carlos'. Pero mi nombre real es Roberto Emilio Villar Chamorro, alias 'capitán Carlos'".
Testimonios y necropsias
La sobreviviente Liz Zúñiga Villar relató lo que su abuela le contó sobre su padre: "(Me dijo que mi padre) estaba botado de espaldas, tapado con hierbas, y que cuando lo volteó, todavía tenía los ojos abiertos. Tenía cortes en la barriga e intestinos expuestos".
Sobre su madre señaló: "Tenía el brazo roto, la habían cortado". Y sobre su hermana de seis años afirmó: "La hermana de la declarante (la niña de seis años) fue violada, le cortaron las piernas y le extrajeron un ojo".
Las necropsias confirmaron muertes violentas. Juliana Zúñiga falleció por "una hemorragia masiva aguda de necesidad mortal y por herida por arma blanca". Isabel Beragan murió por un "traumatismo encéfalo craneano, por hemorragia masiva aguda y por heridas por arma de fuego".
El caso revive heridas profundas del conflicto armado. Más allá del debate político, la sentencia vuelve a poner en el centro la responsabilidad del Estado en operativos militares. Para algunos es justicia tardía; para otros, una condena discutible. Lo cierto es que, 30 años después, Cayumba Chico sigue siendo una herida abierta.

