27/05/2026 / Exitosa Noticias / Actualidad / Actualizado al 27/05/2026
Al mediodía del jueves 21 de mayo, Emilia Ticlla Figueroa regresó a las faldas del cerro Ventanayuq Orqo para buscar el lugar donde su hermano Francisco fue enterrado hace 42 años, tras ser alcanzado por disparos de una patrulla militar en el pueblo de Acco.
La pequeña localidad de Acco, situada en el distrito de Tambo, fue el escenario de esta tragedia. Francisco, con apenas 8 años, pastaba animales en los cerros cuando las balas le arrebataron la vida, dejando a su familia sumida en un profundo e inalterable dolor.
El reencuentro con la memoria familiar
La diligencia, dirigida por la Primera Fiscalía Penal Supraprovincial Especializada en Derechos Humanos, permitió localizar la fosa improvisada. Según el fiscal adjunto Richard Ataucusi Saccsara, la memoria de Emilia fue determinante para identificar las prendas y el chullo que cubrían los restos del menor.

El hallazgo permite confirmar que los restos corresponden al niño enterrado bajo las condiciones relatadas por la familia, cerrando una etapa de incertidumbre sobre su paradero final tras el trágico ataque ocurrido durante los años más difíciles de la violencia en la provincia ayacuchana.
Durante años, la familia mantuvo en secreto el entierro del pequeño Francisco debido al miedo constante a represalias por parte de las fuerzas del orden. Ese temor obligó a realizar un sepelio clandestino, sin denuncias formales ni despedidas públicas ante la comunidad local.
El reencuentro no solo representa un acto legal, sino que también sana una herida abierta en la comunidad ayacuchana. Ver a Emilia frente a los restos de su hermano reafirma la importancia vital de persistir en la búsqueda de miles de desaparecidos aún olvidados.
Peritaje forense y búsqueda de justicia
Los restos fueron trasladados al Laboratorio de Investigaciones Forenses de Ayacucho para realizar las pericias genéticas necesarias. Estas pruebas determinarán la trayectoria de los disparos y la identidad precisa, buscando esclarecer las circunstancias exactas de este caso vinculado a efectivos de la Marina.
Este proceso humanitario busca que Francisco, quien tendría 50 años hoy, deje de ser un niño enterrado en la clandestinidad. La recuperación de sus restos es un paso vital para que la familia obtenga una sepultura con nombre, memoria, dignidad, justicia y verdad.
Las investigaciones continúan para identificar a los responsables de esta muerte durante el conflicto armado interno (1980-2000). La diligencia representa un avance significativo en la recuperación de restos de víctimas de violencia, permitiendo finalmente que la familia cierre un ciclo de dolor infinito.

