18/01/2026 / Exitosa Noticias / Mundo / Actualizado al 18/01/2026
El gobierno de Irán anunció el restablecimiento parcial del acceso a internet luego de diez días de apagón casi total impuesto tras las protestas masivas iniciadas a fines de diciembre. La medida, que comenzó el 8 de enero, buscó contener las manifestaciones contra el aumento del costo de vida y la gestión del régimen teocrático.
Según reportes de organismos de monitoreo digital, el acceso a algunos servicios internacionales como Google fue reabierto, aunque con alto nivel de filtrado. También se restableció el servicio de mensajes SMS a nivel nacional.
Sin embargo, la conectividad sigue siendo muy limitada, apenas una fracción de lo normal, y el gobierno ha señalado que la reapertura será gradual, sin precisar plazos definidos.

La vida sin internet
Durante el apagón, millones de iraníes vivieron una experiencia marcada por el aislamiento y la frustración. La falta de comunicación afectó tanto la vida personal como la laboral, dejando negocios cerrados y pérdidas económicas significativas.
Muchos describieron la situación como un retroceso, comparándola con décadas pasadas sin herramientas modernas de comunicación. La imposibilidad de informarse sobre lo que ocurría en otras ciudades generó ansiedad e incertidumbre, mientras que la percepción de que el corte fue una forma de control político aumentó la desconfianza hacia las autoridades.

Temor a nuevos cortes
Aunque el acceso ha sido parcialmente restablecido, la población mantiene un fuerte temor a que el apagón se repita o se vuelva permanente. La reapertura no ha disipado la sensación de vulnerabilidad: los ciudadanos creen que el gobierno puede "apagar el interruptor" de internet en cualquier momento para silenciar la disidencia.
Organizaciones internacionales advierten que un corte prolongado o recurrente sería una forma de censura masiva y represión contra la libertad de expresión.
El apagón y su restablecimiento parcial reflejan la tensión entre el control estatal y la necesidad de comunicación de la ciudadanía. Mientras el gobierno justifica la medida como un recurso para garantizar la seguridad, la población lo percibe como un mecanismo de represión.
Lejos de generar confianza, mantiene viva la preocupación de que la conectividad siga siendo usada como herramienta política. Si bien marca un alivio momentáneo, no elimina el miedo ni la desconfianza.
La experiencia de aislamiento y las pérdidas económicas siguen presentes en la memoria colectiva, mientras la amenaza de nuevos cortes mantiene a la población en alerta.

